Cristo en el Desierto

Mi pintura favorita de Cristo (no es como crees)

Voy a contarte una historia. Te prometo que será cortita. Ya verás…

Hace no mucho, y en plena inmersión en mi camino hacia Cristo, descubrí la que desde entonces sería mi representación favorita de uno de sus momento más significativos para mi.

Estaba navegando por Reddit, y en un foro acerca de Arte (concretamente pintura) se abrió ante mí esta obra de Ivan Kramskoi. Fue tal el impacto que como estaba en el móvil, decidí encender el ordenador únicamente para poder contemplar la imagen en el mayor tamaño posible.

Para mí, era un cuadro desconocido, de un autor desconocido y de un país cuyos artistas tengo pendientes de descubrir. Eso sí. A día de hoy no pienso poner en duda la Providencia, así que si llegó a mi vida, no tenía más que disfrutar de ella.

Busqué información, sobre el autor, en qué galería podría verla e incluso versiones imprimibles por si podía tenerla en casa para poder contemplarla a diario.

Os garantizo que esa imagen me atravesó el alma de una manera que no puedo explicar. Tanto es así que el primer artículo que voy a escribir sobre el que probablemente sea el cambio más importante de mi vida versa sobre él…

Por qué me atraviesa el corazón

No sé si te pasará como a mí, pero como Católico, las imágenes de Jesús que acostumbro a ver, suelen copar casi en su mayoría 2 momentos concretos de su historia:

  • La pasión. Un Cristo completamente destruido, golpeado, humillado, vejado, ensangrentado o directamente crucificado, casi desnudo y en el que es con toda seguridad la imagen del sufrimiento más absoluto para cualquiera.

    Estas imágenes tan crudas nos sirven para no olvidar. Para tener presente el sufrimiento y la agonía y para recordarnos que si Él pido pasar por ahí por nosotros, deberíamos de entender que quizás aún nos queda esperanza sea lo que sea lo que acontezca nuestra vida.
  • La otra imagen de Jesús que solemos disfrutar es la de la Divinidad. Vemos a un Cristo elevado, con un halo de luz radiante, completamente en paz, con ropajes delicados, brillantes que casi no pueden ni mirarse directamente.

    Esta representación nos muestra la victoria sobre el mal, el lugar al que queremos llegar para estar en Su compañía, y la razón por la que seguimos sus pasos: Acercarnos cada vez más a su figura y seguir su camino.

Sin embargo hay algo que, a pesar de que me fascina, me aleja un poco de Cristo viendo estos iconos, y es que me cuesta verme reflejado en Él. Y creo que es normal.

Por un lado, jamás he pasado ni una fracción del sufrimiento que padeció por parte de los hombres. Nunca me han golpeado tanto, ni me han desnudado ni me han agredido, escupido o insultado hasta ese punto. Ni que decir tiene que la crucifixión solo puedo contemplarla en mis peores pesadillas.

Por otra parte estoy igual de lejos de verme reflejado en Él en su estado de Ascensión. Soy un humano, pecador, mundano con cientos de defectos y cosas que mejorar. Puedo ver el camino a seguir y el final a alcanzar, pero no puedo verme en la consecución.

Sin embargo, esta representación es diferente…

Qué dicen las Escrituras

No sé si recordarás el siguiente pasaje del Nuevo Testamento de Lucas. Te lo refresco:


Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios. 

Lucas 4:1-13


Cristo en el Desierto

Ivan Kramskoi Rusia, 1872

En esos versículos se muestra una de las facetas más humanas de Cristo.

En primer lugar, la inmersión en el desierto. En silencio y sin compañía, rodeado de las inclemencias del tiempo y en un ayuno más que prolongado. Solo, con calor, frío y hambre… Si bien no hace falta vivir una experiencia como esa, estoy seguro de que te has visto en alguna de las situaciones anteriores. Tú y todos…

Por otra parte, la tentación del demonio. Cómo aprovecha la debilidad para atacarlo. Intenta colarse entre las grietas del alma para hacer que caiga en lo más profundo, hasta tal punto que renuncie a lo más importante (la palabra de Dios) por un simple trozo de pan, o como en este caso representado por una sencilla piedra…

(((Por cierto, mira bien el cuadro. Seguro que ves la piedra a la que se refieren las escrituras…)))

Esa mirada. Esa postura

Míralo a la cara. Observa esos ojos. Esa mirada dedicada a aquello que podría acabar con su sufrimiento en un instante. Esas cejas caídas, esos párpados hundidos y sin embargo esa serenidad de quien, a pesar de todo, ha tomado la determinación de seguir el camino correcto.

Tiene la espalda encorvada. Se recoge a sí mismo, como queriendo hacerse un ovillo. Entrelaza las manos como quien quiere darse ánimo a sí mismo y trata de convencerse de que es capaz de sobreponerse a lo que le está pasando.

Y cuidado, que le tienta ni más ni menos que el diablo. Como a nosotros…

En esta imagen vemos a un Jesús débil pero decidido. Cansado pero en paz. Presa del hambre pero determinado. Es la viva imagen de un sufrimiento humano común y vencedor ante las tentaciones. Es la imagen de quien se sabe victorioso a pesar de las dificultades por las que está pasando.

Dicho esto, es por ello por lo que me encanta esta pintura. Ese a imagen de Jesús sí es un fiel reflejo de mí y de muchos a lo largo de nuestra vida. Hemos estado solos. Hemos pasado hambre y sed o nos hemos visto expuestos a la indefensión de mil maneras.

No me he visto en una cruz ni en un trono rodeado de nubes, pero sí que he adoptado la misma postura en el borde mi cama, sentado en mi escritorio o en una butaca de una sala de espera de un hospital. Y como yo, casi con toda seguridad, todos y cada uno de vosotros.

No sé si estoy en lo correcto o no. Si el autor quería transmitir lo que a mí me evoca esta pintura o si trataba de plasmar alguna otra cosa, pero sea como sea, no puedo más que mirar ese cuadro pensando que sea lo que sea lo que me pase, Él estará ahí para ayudarme, porque sabe por lo que estoy pasando…

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